top of page
Buscar
  • Foto del escritorMarta Vigara

Análisis en el desierto

Se salvó milagrosamente de las goteras inevitables del cuarto de estudio. La tormenta había sometido con toda su fuerza cada una de las tejas, y éstas, viejas y aburridas ya de tantos sufrimientos climáticos, dejaron que el agua se deslizara entre sus grietas hasta conseguir empapar toda mi librería temática de Yoga, meditación, espiritualidad, filosofía… y de cualquier cosa que me pareciese interesante.


Una vez colocados estratégicamente cada uno de los cubos o cazos por toda la habitación, guiándome por el inconfundible sonido del final de una gota de lluvia; empecé a repasar cada una de las estanterías. Algunos libros se arrugaban, estaban húmedos, tristes; difuminada su tinta ahora en un texto confuso, solo el aprecio por ellos y algo de secador podría salvarlos de crepitar en la chimenea. Otros sin embargo, permanecían allí orgullosos de su saludable conservación ante la tormenta. Y entonces lo ví , “Las voces del desierto”, edición de bolsillo, quizás un regalo o quizás un préstamo sin dueño, y pensé en lo mucho que había disfrutado leyéndolo, lo sujeté entre mis manos y lo aparté, fue justo en ese momento cuando el Club de Lectura se presentó como idea, como posibilidad, como iniciativa. En ese momento el Club de Lectura ya era una realidad.


Nos reunimos un martes por la tarde sin muchas expectativas, era nuestro primer encuentro, la toma de contacto, el guiño inicial a una posibilidad apasionante para los amantes de la lectura, teníamos ganas de hablar, teníamos ganas de compartir, eso se sentía desde hacía semanas. Ya antes o después de las clases surgía de vez en cuando el tema: “¿por dónde vas? , ¿lo has acabado ? ¿Has llegado al momento de las moscas? ¿Vendrás a la reunión?”;  nos hacíamos callar unos a otros, pues aquel no era el instante, teníamos que esperar, sin adelantarnos, cultivando la paciencia.


El tema era interesante, una mujer occidental vive durante 3 meses con unos aborígenes australianos en el desierto. Las relaciones directas con conceptos como el desapego, la unión con el todo, con el Universo, con conceptos existenciales y preguntas esenciales ¿quién soy yo?, invitaban a la reflexión y a la profundización de lo que hay detrás de la práctica de las posturas de Yoga. Era fácil enfocarlo hacia la filosofía, hacia el Vedanta, dirigir cada una de esas referencias del libro hacia aspectos como Avidya, Maya o Brahman… Sin embargo el libro no era una historia real. Es cierto que la primera vez que lo leí no lo sabía, no surgió en mi la necesidad de investigar si aquella historia que se presentaba como verídica realmente lo era. Pero una vez propuesto como primer libro en el Club de Lectura, sentí la responsabilidad de confirmar que aquello era verdad, y no lo era.

Lo solté nada más empezar. Sentí miradas de desencanto, de alboroto, una envoltura de desconcierto impregnó durante unos minutos a cada uno de los presentes, salvo a una: ella lo había investigado, hubo decepción sí, pero trató de evadir el desengaño e intentó liberar el mensaje de la historia, al fin y al cabo lo importante eran las ideas, el eco de las palabras, la invitación a la reflexión, descubrir el sentido del SER.


La conversación derivó entonces en un enredo filosófico y existencial. Los temas ya no eran tanto del libro, sino el reflejo de las preocupaciones de la sociedad actual. Fue revelador presenciar como todos nos encontramos algo perdidos en esta nueva era tecnológica, como la deshumanización nos incómoda y nos produce una inquietud pesimista; las opiniones personales derramaban sinceridad, éramos compañeros en un viaje hacia el futuro, echando de menos la simplicidad de épocas pasadas.


No sacamos muchas cosas en claro, voces en el desierto de una tarde de martes, generaciones distintas que comparten la necesidad de recuperar la pureza de vivir en armonía con uno mismo y con los otros. Parecía que todos sentíamos esa separación impuesta, esa alienación imperante y arrebatadora que se ha adueñado de cada uno de nosotros. Sin embargo fue bonito diluir esa sensación durante una hora y media, convertirnos en comunidad y mirarnos a los ojos, darnos cuenta que esa separación no existe, que hay una nueva etapa, que seguiremos leyendo aunque parezca que todo se difumina y se desvanece, porque en el fondo todos anhelamos lo mismo: la búsqueda de la felicidad.

135 visualizaciones2 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo

Espejo de coincidencias

Desde el primer momento que lo vi pude presentir la fuerza energética que emanaba desde lo más profundo de su ser. La manera de caminar, con una luz transparente, fina, delicada pero intensa, como un

bottom of page